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Ser Sociológico

Zygmun Bauman y Alain touraine en persona

Zygmun Bauman y Alain touraine en persona
Lo primero que quiero decir es que estar en presencia de personas como Bauman o Touraine produce tranquilidad. A las personas sabias se las reconoce porque tienen la capacidad de conjugar ideas compuestas (algunas de ellas han necesitado tomos enteros para argumentarse metodológicamente) y de comunicarlas fácilmente, utilizando un lenguaje compartido y común.
           Son muchas las ideas e impresiones que me gustaría compartir en este foro. Destaco dos, una por cada sabio, y un sentimiento encontrado respecto al premio que se les ha otorgado.
          Ambos nos dieron, no una visión pesimista, sino más bien decepcionada de Europa, de lo que quiso y pudo ser y de la que ha sido. Sin embargo, también ambos, coincidieron en decirnos que aún “nos” queda por determinar lo que será. De un lado, Bauman, frente a la disolución de la sociedad (tal y como la hemos experimentado) y el ocaso del estado de Bienestar, producto del divorcio entre política (en teoría, representación de la voluntad de los miembros de una sociedad) y economía (cuyo poder para el Sociólogo se halla representado más por el capital financiero, es decir, inversor y accionarial, y no tanto por el industrial), nos llevar a creer en la posibilidad necesaria de un “estado social”, y puntualiza, “globalizado”. 
          Por su lado, Touraine, frente a una Europa inexistente, que no ha existido sino en la imaginación social y política (que no sé si sería más exacto decir “en la imaginación de la Política Social”) proponía como salida el esfuerzo ímprobo de reconstruir instituciones sociales básicas como la educación, la familia, el trabajo, y como idea subyacente, relaciones e interacciones de los individuos asociados, nunca mejor dicho, y valga la redundancia, en sociedad. Ahora bien, dicha reconstrucción según Touraine no partiría de los extremos sociales (“sociales” es un añadido mío), sino de los espacios intermedios. Bueno, es posible que en este punto habrá quien entienda que Touraine hizo referencia a las clases medias, yo, sin embargo, creo que en esta afirmación vuelve de nuevo a confluir con Bauman, porque, ya sea iniciar la “reconstrucción” institucional de la sociedad, ya sea alcanzar el “estado social” de la sociedad, el sentido de ambas reflexiones nos conducen a entender, no sólo que la implicación participativa de los individuos en los procesos de decisión es el único modo de legitimar la voluntad política, dotándola de capacidad frente al interés financiero, además, también nos lleva a pensar, que sólo estas implicaciones participativas y directas de los individuos en los procesos comunes de decisión, determinarán las prioridades y los fines de las nuevas, “reconstruidas”, instituciones sociales. En fin, así de pronto, me viene a la cabeza esta especie de imagen irónica: ¿Democratizar la democracia?
             Un último sentimiento encontrado. No me parece raro que instituciones tan emblemáticas de la realidad “imperante” como los premios Nobel reconozcan a personas como Mortensen y Pissarides (galardonados con el Nobel de Economía el presente año) quienes consideran el subsidio de desempleo un debilitamiento del estímulo en la búsqueda de empleo, abogando por su reducción entre otras cosas (para qué iban ellos a tener en cuenta la estructura y características sociolaborales, las capacidades del sistema productivo, etc).
       Tampoco me parece raro que le otorguen el Príncipe de Asturias a Ralf DAHRENDORF, sociólogo de enorme interés, en cuyo análisis, igualdad versus libertad, basé un artículo sobre Europa, confrontando a su Tocqueville y su libertad de las oportunidades con la propuesta de la capacidades de Martha C. Nussbaum y el concepto de libertad de Laskin (Este fue el último artículo mío publicado por la revista Cuadernos para el Diálogo, nº32, en julio de 2008. Con esto quiero decir que no volvió a publicar nada mío).
           Lo que no me parece coherente, es decir, con sentido, no sé, normal, o razonable, en fin… es que les otorguen el premio a Zigmunt Bauman y a Alain Touraine. Es este caso tengo la sensación de estar ante algo como antinatural, incluso diría, algo hipócrita.
         En fin, en cualquier caso, ha sido un placer haberlos podido escuchar de cerca, no sólo sus palabras, también sus voces y sus entonaciones, descifrar los gestos con que se acompañaban. Francamente, ha sido emocionante.
Un saludo
Damián H. Cuesta




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